“Quizás en nada Calvino ha sido más mal juzgado que en la opinión de algunos de que carecía de algún sentido estético. Tal declaración no debiera hacerse de un escritor tan bueno como él. Los críticos de diferentes preferencias religiosas han concordado en admiración a su estilo, tanto en Latín como en Francés. Mientras sus pensamientos fluyen, las palabras con las que las viste son escogidas y analizadas cuidadosamente con un entrenado sentido de la eficacia artística. Vemos en sus escritos tanto una simplicidad escritural como una elocuencia digna de Cicerón. Hace un gran alarde de su ‘rudeza’ y ‘brevedad’: estas no son practicadas a expensas de la elegancia, y tampoco impiden el uso efectivo de la imaginería… Le gusta alabar una expresión apta, usando palabras tales como ‘hermoso,’ ‘elegante,’ ‘espléndido’… las referencias a los poetas Latinos y Griegos son bastante abundantes en sus obras, y ama los Salmos como poesía… Hay en las obras de Calvino numerosos pasajes de notable belleza en aprecio a las formas de la naturaleza.”(28)

Esta estimación más bien reciente por parte de un profesor Americano de historia es un clamor que está lejano del consenso de los Jesuitas, Volterianos y Protestantes de los días de Doumergue. Para ellos Calvino aparecía como la personificación de todo lo que era anti-liberal, anti-artístico y anti-humano.(29)  Ha sido especialmente a través de las investigaciones de hombres como Doumergue, y, más recientemente el Prof. Leon Wencelius del Swarthmore College, que han demostrado que estas representaciones pre enjuiciadas son falsas. (30) Este último tiene la distinción de haber producido el estudio más completo hasta la fecha sobre los principios estéticos de Calvino. (31) Estos principios han sido aplicados críticamente a la literatura Calvinista contemporánea en los Países Bajos por C. Rijnsdorp, (32) quien hace un uso extenso de Wencelius.

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