Muchos hemos escuchado de la supuesta laicidad de los colegios y Universidades en los cuáles estudiamos, creemos que así es, que se trata de un colegio laico por el simple hecho de que no se nombra la palabra religión, Dios, Cristo o Biblia, a menos que sea para atacarlos o mofarse de ellos. Pero ésta es una mentira que nos hemos tragado entera (hasta hace tiempo yo así lo pensaba) y que, como estudiantes cristianos y no cristianos debemos desechar y afrontar como una realidad latente y amenazante.
Al impartir historia, geografía, política, filosofía, los profesores no parten de un vacío para enseñarnos, antes bien, tienen un contexto y una ideología que permea su pensamiento, a tal grado que esa ideología se convierte en un pensamiento totalizador.
El imaginario colectivo que predomina en nuestro tiempo es el del post-modernismo; éste ideal colectivo o cosmovisión llega a ser tan dominante (como lo fue, aún es, el modernismo) que puede, y de hecho lo hace, controlar el pensar y sentir de aquellos que se encuentran sumergidos en una sociedad que ha forjado cuasi-valores para su existencia. A menos que el profesor se declare abiertamente apegado hacia alguna ideología histórica que luche cuerpo a cuerpo con la filosofía del momento, lo más seguro es que, en su afán de neutralidad, haya caído ya en las redes del post-modernismo y enseñe, consiente o no, los valores que la sociedad y espíritu post-moderna le dicta. Ahora, lo que caracteriza a esta sociedad y a la educación impartida dentro de ella, son los principios de individualismo y de pluralidad (malentendida tolerancia), lo que le convierte en una filosofía anti-dualista y que por lo tanto rechaza la posibilidad de una verdad absoluta. La verdad entonces es un asunto de perspectiva y aún se convierte en inalcanzable. No hay bueno o malo, blanco o negro, todo depende de la perspectiva del individuo.