¿Quién consoló a la familia de Judas Iscariote? Sábado, Ene 9 2010 

Jeremías 16:4-6
“No entres a la casa del luto ni vayas a lamentar”.

En primer lugar, Dios le dice al profeta que no tenga hijos. Es mejor no tenerlos que verlos morir espantosamente. A los que Dios no le da hijos, él sabe porqué. Por otra parte. ¿Has tratado de consolar a los familiares de un muerto por el juicio de Dios; por ejemplo: uno que ha perdido su vida ebrio, por SIDA, suicidio, etc.? El pueblo de Israel habría de morir en rebelión, producto de la invasión extranjera; muchos serían los funerales de los que perecerían por la peste, enfermedades espantosas, disenterías, quejándose. Es indudable que el profeta habría de llorar ante esa visión catastrófica, se ablandaría su corazón y podría querer ir a donde ellos a consolarles y mitigar así con palabras suaves el dolor que sentirían. Jehová se lo prohíbe.
¿Por qué? Porque han muerto bajo juicio divino. ¿Lamentaron la muerte de Datán, Abiram, Coré, cuando iban por el desierto? No, no hubo duelo por ellos. ¿Piensas que la iglesia consoló a los familiares de Judas Iscariote y que le hicieron una colecta para la viuda? No.

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El fin de la gloria de Dios es ella misma Jueves, Ene 7 2010 

“El cristianismo no es acerca de la salvación individual sino acerca de la gloria de Dios” (Juan Calvino).

Dios no necesita de nuestro arrepentimiento o conversión para ser glorificado y no necesita la gloria del hombre para ser glorificado porque su Hijo el Salvador del mundo dijo: “Gloria de los hombres no recibo”. Pero puedo comentar un poco las palabras de Calvino en relación con la creación. El hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios, o sea, “bueno en gran manera”.
Dios no creó el mundo para verse reflejado en él como en un espejo y quisiera mirarse a sí mismo, ni porque necesitara poner su ser íntimo enfrente de él. La decisión del paso de la creación lo dio por su libre voluntad no por una necesidad de su perfecto ser. Pudo permanecer eternamente glorioso en la soledad. Tampoco lo hizo para glorificarse a sí mismo como si necesitara hacerlo al oír aleluyas y hosannas; fue una amabilidad suya la de hacer el mundo y su deseo de compartir con otros su sabiduría, belleza y gloria. Cuando se dice que hizo el mundo “para la alabanza de su gloria”, eso tiene que ver más con nosotros que con él. No para sentirse exaltado como si eso le hiciera falta, como si recibir honra de otros le fuera una necesidad de su carácter.

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Un calvinista visita a Moisés Martes, Ene 5 2010 

Números 28:11-15 (LBLA)
“También, al principio de cada mes, presentaréis un holocausto al Señor: dos novillos y un carnero, y siete corderos de un año, sin defecto…este es el holocausto de cada mes por los meses del año”.

Empezamos el año 2010. Toma la doctrina de la elección particular y visitemos el tabernáculo de Moisés. Los creyentes bajo la ley de Moisés tenían la opción de elegir su consagración. Para ello tenían las ofrendas y sacrificios diarios (28:1), semanales para cada sábado (28:9), mensuales (28:11) como una semana especial, para los panes sin levadura (28:16), y la fiesta de las semanas (28:16), la de los primeros frutos en Pentecostés. Las ciudadanos del reino de los cielos podían escoger el tiempo de su consagración según las posibilidades de cada cual; quien pudiera diariamente apartar un tiempo para sus devociones lo hacía y tenía para eso, la mañana y la tarde, a la hora del sol naciente antes de entrar en la rutina de su faena, y del sol poniente para darle gracias a Dios por el día vivido y aprovechado. Abría y cerraba su día secular con la llave de su fe porque quien empieza el día con Dios lo termina con él. El que no tenía gracia para acercarse a la casa de Dios todos los días, o vivís lejos o no tenía dinero, o cualquiera otro estorbo, podía planearlo semanalmente, o cada mes.

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Gloria a Dios por la familia Spurgeon Viernes, Ene 1 2010 

“Mi esposo había estado trabajando por largo tiempo con mucha presión y estaba necesitado de descanso. De antemano fijamos un día para tomarnos unas vacaciones y desde entonces ambos esperábamos con impaciencia que llegara ese momento. En cada comida hablábamos de esas vacaciones y un día en la mesa me dijo: “Querida, sería bueno que pusiéramos en algún lugar una tira de papel marcada con los días que nos faltan y vamos cortándolos”. Inmediatamente preparé una gran cinta con todos los días que nos faltaban para esas vacaciones y debajo de ella colgamos un calendario. Ciertamente que no era un bello adorno en el comedor pero nos daba mucho gusto cada día ir cortando uno en una tira de papel. A nadie le importaba como lucía si nos daba tanto gusto. Era una tira bien larga y la disfrutábamos como niños ir cortando los días marcados y viendo que cada vez se hacía más corta. Los amigos que nos visitaban si estaban en el momento de la ceremonia de cortar la cinta disfrutaban con gran curiosidad nuestro regocijo al quitar afuera con unas tijeras cada uno de los días de espera. Algunos se reían, otros se burlaban, y algunos criticaban; pero él permanecía firme hasta que ya casi quedaban una o dos pulgadas para recortar cuando comenzamos a hacer las preparaciones para el muy largo y deseado viaje. Pero, ¡vaya, afuera con nuestros planes si no corren paralelos con la voluntad de Dios! Mi amado cayó seriamente enfermo cuando sólo quedaban unos pocos días para recortar en la cinta y muchas lágrimas en nuestros ojos por el desencanto decidimos quitar la cinta de la pared, y a lo cual nos siguió un gran período de sufrimientos. Pasados unos días mi buen esposo me dijo: “Amor, no lo volveremos hacer nunca más, será mejor en el futuro que esperemos pacientemente en el desarrollo del propósito de Dios para nuestras vidas”.

(Susana Spurgeon, tomado de la Autobiografía de su esposo Spurgeon, Pag.63)

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